Tiktak, tiktak, tiktak...
El reloj marca las 0:30 de otro día en que el sol parece querer calcinar al mundo;
La noche permanece silenciosa, solo interrumpida por el acelerar de las motocicletas, y un unísono ruido Blanco;
Mientras yo, caigo en cuenta de un tiempo que ya no va a volver.
Nuevamente el insomnio me atormenta, tal como lo hacía en aquel momento que parece tan lejano, tan olvidado!pero, es que un dolor así alguna vez se olvida?
No, creo que no!
Quizá se puede aprender a vivir con esa mochila que cargas sin culpa, seguramente algún día se logre entender que hay ciertas preguntas, de las cuales jamás obtendrás respuesta;
Pero olvidarlo?
Eso jamás.
Pasan los días, los años, y la herida continúa presente, demasiado latente para sanar.
En ocasiones me gustaría gritárselo al mundo, sin embargo, casi de inmediato me ahoga el miedo, la desesperación, el asco y mi conciencia me suplica que no lo haga!
Porque a fin de cuenta, no sería más que la crónica de un desastre anunciado.
Para que lastimar a otros; si conmigo ya fue suficiente;
De qué sirve rememorar un pasado que ya no tiene remedio?
Hay situaciones que nos marcan para siempre, que nos recuerdan lo vulnerables que somos;
Y sobre todo, nos enseñan que no tenemos derecho de juzgar a nadie, porque nadie sabe el infierno que puede estar viviendo la otra persona. O las batallas que día a día tiene que librar;
Por eso recuerden: las palabras tienen poder, y muchas veces pueden ser agujas que lastiman.
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